Otelo de La Paternal.

BARRIO.
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Da talleres gratuitos sobre celos en el hospital Tornú. “Es como el colesterol: todos tenemos, algunos mucho, otros poco”, asegura. Para un celoso no hay nada mejor que otro celoso. No podés explicarle tus celos a un amigo “normal”; o sea, a un neurótico. Y menos entre hombres, habitualmente preparados para la infraordinariez, para hacer la guerra, para el fútbol y el ¿todo bien? Todo bien .
Profesional. Buero en el Tornú donde desde 2005 dicta los talleres para celosos y celados.   
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11/7/13

Diálogo entre celópata y víctima en estado medicamentoso.

Celópata: ¡¿Otra vez mirando fotos de Angelina Jolie?!

Víctima: (silencio).

Celópata: Naaa, ¡¿encima fotos nuevas?!

Víctima: (silencio).

Celópata: ¡¿Desde cuando te gustan las minas que se sacan tetas?!

Habría que determinar el momento exacto en que empezamos a sentirnos incómodos entre nosotros, prefiriendo incluso el exceso de abandono de Facebook. Pero otro día, la voz del orden resuena impaciente. Es necesario volver.

“En los talleres es donde uno entiende que ese grano que te salió a vos le salió a otros, cosa que baja el nivel de angustia”, nos dice Luis Buero, que en 2005 creó un espacio para celosos y celados en el Hospital Tornú. “No hace falta el ejemplo de Angelina Jolie. Hay mujeres que quieren ir sólo a restoranes donde normalmente atienden hombres porque creen que el marido o el novio va a mirar demasiado a la moza cuando haga el pedido. También hay hombres que revisan los celulares de las mujeres y preguntan por qué admitieron a tal amigo en Facebook... Los celosos están en un estado de alerta constante”.

Ojo, el tema es serio y el club de desahuciados, necesario. En la Argentina, según Buero, “diez de cada diez personas, hombres, mujeres, tienen un componente de celos. Es como el colesterol: todos tenemos, algunos mucho, otros poco”. Lamentablemente, para el celoso no existen el celosidal respiratorio o el Paracetamol celos. Ni siquiera un antitranspirante. La Facultad de Medicina no hizo demasiado por los celos (al margen de esa especie de Piazzolla que es Freud para las ciencias de la salud), y entonces es previsible que Buero se enorgullezca de ser el primer psicólogo social en dictar un taller de celos en un hospital público, aunque admita no ser el único y hable así nomás, medio por encima, de una colega que ejerce pero en forma “privada” ( “privada” cae de su boca con un desdén que Prat Gay no comprendería, no inmediatamente ).

Los celos, Luis, pero librándonos por completo de Freud y del Otelo de Shakespeare ¿los celos podrían ser una cierta compulsión al consumo? Planteado así crees que Charlotte Caniggia pararía la oreja. ¿Tener al otro no es consumirlo, gastarlo, dilapidarlo? “Sí, exacto, es consumirlo. Devorarlo. Pero la visión consumista del afecto no tiene que ver con los celos, sino con los amores líquidos de los que habla Zygmunt Bauman. Con el zapping y la ausencia de compromisos”.

Justo acá nos dicen que Suar querría saber si los celos son la envidia en clave de telenovela de la tarde. Si la palabra envidia no es una caracterización, cómo decirlo, demasiado bíblica como para un libro de Florencia Bonelli. Buero: “Son sentimientos distintos. Cuando nacemos pasamos por la voracidad de querer comernos esa teta sacándole todo el jugo que se puede. En los celos uno quiere poseer al otro; en la envidia yo quiero poseer lo que el otro tiene”.

¿Cómo que la envidia sería un sentimiento más menemista, mientras que los celos podrían estar asociados al derecho de propiedad privada de los conservadores? “Pará. No. Después llega la envidia a esa teta porque tu mamá tiene eso que vos no tenés, y luego nos avivamos que esa mujer, además, tiene marido o tiene otros hijos o estudia o trabaja. Esa lucha por tratar de ser únicos y exclusivos en el afecto del otro la llevamos por el resto de nuestras vidas”.

Hablando del Otelo, en el taller de celos una noche se organizó el juicio al personaje de Shakespeare. “Los participantes se dividieron en tres subgrupos: los fiscales, los abogados defensores y los jueces. Los jueces del taller condenaron a Otelo a un período breve de prisión”.

Oscar Wilde decía que el amor dura dos años y cuatro meses. Si respetáramos esa puntualidad, ¿una buena escena de celos, bien dosificada, no es mejor que el tarugo de un te amo ? “Habría que ver. La mujer necesita una reafirmación constante. La histérica dice: deseo luego existo . Precisa una confirmación de su narcisismo por parte del entorno. Freud dice que la mujer busca más ser amada que amar. Y esa vanidad se sostiene a través del piropo callejero, del mirarse al espejo... El hombre termina siendo funcional a la histeria femenina. Es la mujer la que levanta, quiere y obtiene aunque después se aleje. A la mujer no le interesa el objeto. Le interesa el deseo. Un tallerista contó que un día le dijo a su chica: ¡ qué linda estás hoy ! y ella en vez de darle las gracias, le dijo: ¡¿ Cómo?! ¿Entonces ayer estaba fea ?”



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