“Creo que la fórmula para quedarse es jugar y correr”.

BARRIO.
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Los años 1993 y 1994 siempre estarán asociados con un feo momento en la historia de Argentinos. Las finanzas del club estaban rotas. Y el Bicho de La Paternal se veía obligado a hacer de local en Mendoza. Veinte años después, el fútbol le tenía preparada otra oportunidad.
Droppy Gomez.   
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17/6/13

Las categorías 93 y 94, sí, los tipitos que nacieron en aquellos años de sequía, hoy son las esperanzas que dan pelea para salvar a Argentinos del descenso. Vaya paradoja, ¿no?

Uno de los pibes que pone su cuota es Rodrigo Gómez, rápido y escurridizo. En abril, estaba jugando en la Reserva. La rompió contra Independiente. Y Caruso Lombardi, que había ido a verlo a Villa Domínico, enseguida lo subió. A los cuatro días, el técnico se la jugó y lo puso en la Primera: “Jugué en marzo por Copa Argentina, pero debuté oficialmente contra Lanús, estaba muy nervioso, je. Pero ya me siento más seguro, ojalá pueda ayudar para que no bajemos”.

Droppy Gómez, que lleva el apodo del perrito de los dibujitos animados que se aparecía en todos lados, ayer aprovechó el descanso para hacerse una escapada y pasar el día con su viejo, en Santa Fe, su tierra. “Acabo de ver la derrota de Rafaela, nos favorece, metí un puñetazo con los goles de Newell’s, ja. Pero somos conscientes que se nos viene el mejor equipo del torneo, no creo que lleguen relajados. Sé que estamos obligados a ganar porque no dependemos de nosotros. Esperemos que River nos dé una manito y le gane a San Martín”.

En veinte días, Argentinos logró enderezar un poco el rumbo. Después de cinco derrotas en fila, Caruso Lombardi apartó a experimentados como Aníbal Matellán, Ariel Garcé y Diego Placente. Y con los pibes, resurgió. “La mano venía difícil, tuvimos un cambio de actitud, es como que salimos a jugar enojados, con ganas. Creo que la fórmula para quedarse en Primera es jugar y correr”, aporta Gómez, al otro día de haber vencido a Colón.

Hace siete años ya que Gómez llegó al club, a probar suerte con doce amiguitos. Y fue el único que quedó entre casi trescientos chicos: “Me tocó quedar, la pasé bien en Inferiores. Hasta hace poquito nos sacábamos chispas con Centurión, Vietto y De Paul, estamos acostumbrados al roce”, cuenta el pibe que jugaba de mediapunta.

No tiene como ídolos al Polo Quinteros, ni a Redondo. Lo suyo es jugar y meter. Hasta el final.



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